Un hombre de capa y sombrero alto condenado a llevar almas
Era una mujer muy curiosa que viví en el callejón Jaén, de la ciudad de La Paz y permanecía día y
noche en la ventana, observando lo que hacía o decía la gente. Allí cocinaba, lavaba, surcía, siempre con la vista a la calle, murmurando de cada persona que tenía la mala suerte de pasar por allí.
Una noche se le acercó un hombre de capa y sombrero alto, quién entregandole un paquete le dijo:
-Buenas noches señorita, si no es molestia para usted,
le ruego guardarme hasta mañana este paquete de cirios.
Volveré a esta misma hora a recogerlo.
-Con mucho placer caballero- repuso la curiosa- y puede
usted dejarme todos los paquetes que desee, que en mi
poder están bien guardados como en el suyo.
-Muchas gracias, muchas gracias- agradeció el hombre y
haciéndole una reverencia se fue.
Notó la curiosa que el caballero del paquete tenía un olor raro y no pudiendo vencer su curiosidad abrió el envoltorio descubriendo sorprendida, en vez de los cirios que le había dicho, canillas y fémures de un muerto.Al día siguiente aterrada le contó lo sucedido a su confesor, quién le dijo:
-Hija mía, ese caballero que me dices es un condenado y la
única manera de poder librarte de él, es esperarlo rodeada
de muchos niños que lloren cuando él llegue. Sólo a ellos temen los condenados.
La curiosa, reunió todos los chiquillos del barrio aguardando en su ventana la visita macabra, que no se hizo esperar mucho. -Señorita buenas noches- saludo golpeando la vidriera de
la ventana.
-Buenas noches caballero- respondió la curiosa, mientras
con la mano feliz caba los niños que se habían dormido
profundamente, y no querían despertar. En vano la curiosa
les decía:
Niñitos, buenitos, despierten, que viene el gato con la
muerte, niñitos, buenitos, despierten, que viene el perro con la muerte.
Pero los niños no despertaron y el condenado con voz de
ultratumba, le gritó:
-Tu curiosidad te ha perdido.
Acto seguido, la puso en un coche de fuego y la arrastró a
los infiernos.
(Recogido en la ciudad de La Paz 1952).









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