Ten cuidado si ves a una bella enfermera...
Conquista a los muchachos solitarios, quienes le prestan sus chamarras y acompañan hasta su casa, pero cuando vuelven a recoger la prenda, se enteran de que falleció hace varios años.La escasa luz de una sala cinematográfica se presentaba como el camuflaje perfecto para esconder su timidez y entablar conversación con alguna muchacha que, como él, se encontraba solitaria y a la espera de una conquista. Lo había planeado con semanas de anticipación, todo era cuestión de asistir a una de esas funciones dobles en las que exhibían películas de terror y sentarse a lado de la elegida.
Mejor es una chica flaquita, con el cabello largo, se dijo a sí mismo, mientras imaginaba a quien sería su primera enamorada. Y el día llego. Se perfumo en extremo para mayores posibilidades y fue uno de los primeros en llegar al cine, que además estaba a pocas cuadras de su casa. Quiso ponerse detrás de una muchacha en la fila deingreso, para conseguir la butaca vecina junto a ella,pero su timidez le gano como siempre y se arriesgo después a elegir una taquilla a ala suerte. Total, pensó,
de todas maneras se sentaría alado de alguien que estuviera sola y no se hiciera lio de tenerlo como
acompañante esporádico en la sala. En la pantalla se mostraba las primeras escenas de el fantasma de la opera, un filme que trataba de un
músico desfigurado que desde su nacimiento habitabalos sótanos de la casa de la opera de parís. Era
una historia de amor, en la que el tipo cae enamorado perdidamente de una soprano, pero como ese amor se vuelve obsesión, termina desencadenando una serie de sucesos de horros.
Esas escenas eran las que el muchachito quería aprovechar para tener un motivo de conversación
con la chica elegida a oscuras.Espero hasta el momento culminante de la película en el que el enfurecido fantasma hace caer la lámpara sobre el público, provocando que la opera se apasto
de las llamas, y al primer grito de la muchacha asustada, le tomo la mano y le dijo que se calmara Ella no le mostro el rostro, dijo gracias suavemente, casi susurrando, y le dejo sentir el aroma a flores que llevaba ene l cabello. Parecía algo rancio pero él no le prestó importancia, aunque no se dio cuenta de que había empezado a charlar con un ser de ultratumba. Para nada le importo al muchacho dejar de mirar la pantalla el cine, total, el ya había leído la novela original, la de Gaston Leroux, que fue publicada en 1910 y fue adaptada numerosas veces para películas y actuaciones en teatros. Incluso la había visto en la televisión. Claro era un clásico como se lo dijo ala muchacha mientras intentaba tocarle la mano, abrazarla en un bostezo fingido y mirarla al rostro mientras agachaba a buscar algo en el piso. Cada vez que ella brincaba y gritaba por el susto que le producían las escenas, el, en lugar de calmarla por estrategia se encargaba de meterle más miedo. Su intención como lo había previsto era salir con ella del brazo y luego llevarla hasta su casa, donde esperaba un besos por sus atenciones. La función de tanda termino poco antes de las diez de la noche. Al salir, una brisa suave se presentaba, como para dar una vuelta por la plaza del estadio y tomar un café, y ambos aceptaron.
El café fue cambiado por frases que alentaban el inicio de un amor a la intemperie y fue cómplice un viento frio que salió de la nada para que se tomaran de las manos, casi instintivamente, y caminaran pegados. Ella le confesó que su única intención era hacerlo feliz, que tenia mucho amor para dar, que ese sentimiento lo había guardado durante varios añospara una persona especial, aunque por su apariencia nadie le habría calculado mas de 17 años incluso menos. Rozo casi imperceptible sus labios en su mejilla del muchacho y aferro su frente al hombro del enamorado, quien no dudo en ofrecerle su chamarra para que se cubriera del frio, ya que ese nuevo amor buscó el calor de su cuerpo. Había algo extraño en sus labios, parecían demasiado secos, pero pensó que se debía al viento que los perseguía por cada una de las calles que esa noche atestiguaron sus arrumacos y caricias.Poco antes de la media noche, la magia de sus ojos empezó a extinguirse y dijo que había llegado la hora de retornar a casa. El muchacho habría querido que esa noche sea eterna, pero como sucede en
los cuentos de hadas, ella debía marcharse, aunque no sola. Arropándola con su chamarra con uno de sus brazos rodeando su espalda, la llevo hasta la puerta de su casa.
Allí estuvieron un par de minutos y se despidieron con la promesa de verse al día siguiente. Antes de abrir la puerta de calle, ella le pidió que se retirase, que podrían escuchar el sonido de la llave y descubrir en que andaba.El envió un beso silencioso con el viento y le dijo que la buscaría dentro de unas horas que pasaría la noche soñando con ella. Faltaba menos de un cuarto de hora para las tres de la tarde del día siguiente cuando toco a su puerta, y salió una mujer que parecía cargar un pesado sufrimiento en su rostro y resto del cuerpo Busco a Estela, el dijo a la mujer, cuando le pregunto que deseaba, al tocar insistentemente. Aquí no vive ninguna estela, debe estar equivocado. Aquí no hay ninguna chica como la que busca, dijo, mientras el aseguraba haberla dejado en la puerta de la noche anterior. Además, le preste mi chamarra y prometió devolvérmela hoy, el dijo a la mujer. Al escuchar esas palabras, una sonrisa se urdió en el rostro de esa dama sufrida. Estelita murió hace unos diez años, le dijo. Era la menor de mis hijas, le ruego que no me la recuerde, que después no podre hallar consuelo a mi llanto. El muchacho no creyó para nada esas palabras e insistió en verla.
La mujer volvió a decir que ella estaba muerta y, ante tanta insistencia, deicidio llevar al joven hasta la tumba que guardaba sus restos. El sito estaba lleno de flores, el nombre de la muchacha y una foto suya sobre la lapida confirmaba su muerte y la chamarra del jovencito estaba colgadas en su cruz. Había tenido una cita con una muerta, con el espíritu de una mujer que falleció sin haber conocido el amor, pero que no hallo en la muerte un obstáculo para hacer feliz a otro, aunque sea por un día.









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